Joâo Mouro (Faro 1985) ha elegido uno de los caminos más difíciles para trabajar: partir de materiales cuyo origen identificamos como fragmentos de objetos estéticos y funcionales, elaborar con ellos esculturas-objeto que nos ofrecen al tiempo su realidad y su imposibilidad, y hacerlo desde una escala intermedia, ajena a la evocación y al monumento. Esa escala le distingue de los herederos del colage histórico y de la escultura constructiva de los años 70 y 80, mientras su modo de construir las piezas le descubre curioso, intuitivo y solitario.