Se necesita de la penumbra para verlos.
Los cuadros de Vicky Herreros tienden a entorpecer la mirada,
a confundir su perspectiva o a forzarla a un aprendizaje que
le resulta odioso.
El ojo apenas alcanza a distinguir lo que el cuadro presenta.
Su tenue condición, su levedad le lleva incluso a absorber las
sombras de su entorno.
Una especie de lógica de la ceguera.
Hay entonces en la obra de Vicky Herreros una especie
de anestesia visual.
Sólo un acercamiento sistemático a esa visión interior
permitiría un trabajo semejante. Su constancia obtiene fruto.
La pintura permite entonces finalmente ver más allá de los límites de lo visible.