La fotografía es una consecuencia del positivismo, es decir, es un instrumento que nos permite la aproximación empírica a la naturaleza de las cosas. La fotografía es en si misma una forma de parcelar la realidad, de clasificarla y de etiquetarla. Se convierte así en un instrumento “objetivo” para comprender el mundo. La fotografía no es sólo un documento rico en detalles, sino que pronto se manifestó como un instrumento idóneo para la clasificación. Toda clasificación o inventario supone una fragmentación, fragmentación que es necesaria para el reordenamiento. Esta es otra de las facetas que aporta la fotografía: con ella la realidad, a través de su representación, se hace más “fragmentable” y diferenciable, y por lo tanto, podemos producir unidades más pequeñas que se prestan a clasificaciones más minuciosas. Mi trabajo se inscribe en el ámbito de la naturaleza y la ciencia, principalmente en los estudios botánicos: herbarios, y zoológicos: bestiarios. Gracias a la sistematización, seriación, repetición de elementos animales y vegetales desarrollo mi discurso sobre el conocimiento científico y lo desconocido, sobre lo corpóreo y lo efímero, sobre lo estable y lo fugaz, sobre la ordenación y el caos.