La obra más conocida de Roberto Díez (León, 1955) son sus ensamblajes de madera, collages tridimensionales construidos con finas tablas que se entretejen buscando volumen y transparencia pero participando del color y de la forma a través de la línea.
El volumen no está tratado como en la escultura tradicional, donde lo lleno predomina sino que aquí es el vacío el que delimita las formas y geometriza el espacio en el que se presentan. Los collages, por su parte, son trozos de realidad pegados a la obra, composiciones gráficas llenas de colorido, calidades, y bellos ritmos de equilibrada plasticidad.
Tanto sus nuevos collages bidimensionales, como los ya conocidos ensamblajes de papel y madera, son el resultado de la investigación de Roberto Díez sobre los textos gráficos utilizados como elemento constructivo.El artista muestra un proceder afín a los informalistas del pasado siglo y un cierto eco constructivo rescatando huellas mnemotécnicas, valores que se insinúan al tacto, lugares interiores que funcionan como pequeñas artes de la memoria (del recuerdo y del olvido) que recogen algún resto de lo que pasó por nosotros.
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