ENTROPÍAS

11 de septiembre – 31 de octubre, 2008

Casa, 2008

210 x 200 cm.
policarbonato celular

Ouróboros, 2008

120 x 200 cm.
policarbonato celular

El guardián del umbral, 2008

40 x 40 cm.
policarbonato celular

La pradera, 2007

115 x 150 cm.
policarbonato celular

Cayetana, 2007

115 x 150 cm.
policarbonato celular

sin título I, 2008

105 x 100 cm.
policarbonato celular

sin título II, 2008

105 x 100 cm.
policarbonato celular

blanco y plata, 2008

120 x 120 cm.
metacrilato

Bolonia, 2008

120 x 180 cm.
metacrilato

Givernny, 2007

141 x 43 cm.
policarbonato celular

Con texto naranja, 2008

43 x 100 cm.
policarbonato celular

Con texto fucsia, 2008

43 x 100 cm.
policarbonato celular

L´Eliana 1, 2007

43 x 200 cm.
policarbonato celular

L´Eliana 2, 2007

43 x 200 cm.
policarbonato celular

L´Eliana 3, 2007

43 x 200 cm.
policarbonato celular

L´Eliana 4, 2007

43 x 200 cm.
policarbonato celular

estado 1, 2007

52 x 50 cm.
policarbonato celular

estado 2, 2007

52 x 50 cm.
policarbonato celular

estado 3, 2007

52 x 50 cm.
policarbonato celular

estado 4, 2007

52 x 50 cm.
policarbonato celular

estado 5, 2007

52 x 50 cm.
policarbonato celular

Óleo, 2007

36 x 50 cm.
policarbonato celular

Los alrededor de veinte cuadros que conforman esta exposición son sin duda el preludio de un proyecto que sólo acaba de comenzar pero cuya dimensión conceptual y estética se extiende más allá de la simplificación formal que a primera vista los define. La práctica desaparición del tema o del motivo da paso a un proceso de creación dinámico, menos hondo en lo poético y más centrado en lo constructivo. En su búsqueda de espacios pautados en la infinitud de la línea horizontal, surge un encuentro mitad casual mitad intencionado con el no-lugar, allí donde el desecho es elevado a categoría de arte. El material industrial empleado en la construcción [planchas de policarbonato divididas en perfiles rectangulares huecos] le dará a la artista la llave de acceso a todo un mundo por descubrir. Un hacer y deshacer que desbanca la perpetuidad casi sagrada de la pintura y la sustituye osadamente por la manipulación, por el experimento y, en definitiva, por el juego. Un ámbito de acción lleno de ingenio, de frescura, nacido del contacto directo con el mundo visto con los ojos del artista.

Amalia García Rubí