La gota consume la piedra

10 de septiembre - 31 de Octubre, 2015

Al limite

2014/15
Collage
50 x 70 cm.

El estado de las cosas

2015
Instalación
Medidas variables

La transacción

2014
Net-art

La marea

2015
Vídeo acción
Duración: 3'13''
Medidas: 30x45 cm (foto)

Por Venir

2015
Instalación
Medidas variables

Cambiar todo para que cambie la raíz

Me pregunto como sería poder guardar esos fragmentos de vida en los que nos sentimos plenos y darle al "repeate" siempre que quisiéramos. Tendríamos a nuestro alcance, una y otra vez, aquella situación que un día consideramos idílica: el mismo lugar, los medios, las personas queridas…Sin embargo, nunca sería igual porque no estaríamos viviendo el mismo tiempo. El momento original es irrecuperable e irrepetible, por ello, lo máximo a lo que se podría aspirar es a una copia exquisita que se deterioraría con el uso. Como las antiguas cintas de VHS que perdían calidad en cada nueva reproducción. El hipotético disfrute periódico de esta vivencia perfecta, acontecería diferente desde la primera repetición, porque su esencia, lleva implícita la fugacidad. Disponer de ella invariablemente significaría perder la frescura, el grado de sorpresa y, en definitiva, asfixiar poco a poco la emoción que la originó.

El filósofo danés Søren Kierkegaard consideraba la auténtica repetición como la fuente de felicidad del hombre, contrapuesta al pasado irrecuperable y al futuro incierto: «pues la esperanza es un fruto sugestivo que no sacia, el recuerdo un miserable viático que no alimenta, mas la repetición es el pan cotidiano que satisface con abundancia y bendición todas nuestras necesidades.» El pensador deseaba poder llevar a cabo aquellas acciones conocidas y amables en el presente y, sencillamente, reiterarlas para conseguir una vida cómoda. En aras de comprobar la posibilidad y límites de la repetición, viajó a Berlín por segunda vez y recorrió los mismos lugares en los que una vez sintió satisfacción. En seguida comprobó que nada era igual y que sus sentimientos habían cambiado. «Así, aburrido y desesperado, pasé como una media hora, hasta que ya no pude aguantar más y abandoné el teatro. Mi idea fija en estos angustiosos momentos era la de que no se da en absoluto ninguna repetición.»
[...]

Nerea Ubieto


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